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tantos viajes posibles...

Tantos viajes posibles...
Lluís Pasqual director

Ahora que me dispongo a presentar la temporada 2014/2015 del Teatre Lliure, me invade una sensación de profundo agradecimiento por la confianza que nos ha estado llegando día tras día durante toda la temporada 2013/2014, y que ha permitido que ésta sea, con mucha diferencia, la temporada con más espectadores de la historia de este teatro. Viendo cómo estamos todos, no quiero, porque no hace falta, constatar las tristísimas realidades que los medios de comunicación nos refrescan todos los días y que los ciudadanos viven en su propia piel, algunos hasta grados de desesperación inimaginables y que ningún medio puede reflejar, porque el dolor y la desesperanza son muy difíciles de transmitir y, seguramente, porque es imposible hacerlo. Los humanos, por desgracia, no estamos dotados de esta empatía. Tal vez con la evolución... Con mucho más motivo, por lo tanto, gracias, muchas gracias a todos aquellos que salieron de sus casas para ir a Gràcia o a Montjuïc, convocados por el Teatre Lliure.
Sin embargo, cabe decir que existen muchas realidades. Y mientras desde el sistema y el poder, su representante más o menos visible, se esfuerzan en mostrarnos una realidad casi única bajo un pensamiento también único para culpabilizarnos, acojonarnos y anularnos, las personas y las comunidades llegamos, con todas las dificultades en contra pero con mucha tenacidad, a construir otras. Realidades que son sueños que, a ellos, se les escapan, y que no pueden acabar de combatir ni de eliminar porque son fruto de la imaginación, de la necesidad de volar por encima de la mediocridad y de encontrar un poco de poesía que nos alimente el alma, con risas o con lágrimas. Y, sobre todo, que nos lleven a descubrir otros mundos distintos de los suyos, pero que por suerte también son o pueden ser los nuestros. Esto no significa en ningún caso una huída hacia lo que sería un ejercicio estéril del arte del teatro, fruto de la ignorancia de lo que ocurre a nuestro alrededor, sino más bien una actitud que siga el consejo del filósofo: pesimistas en la inteligencia, pero optimistas en la voluntad.
Por eso viaje es la palabra que más se acerca a la metáfora que podría definir esta nueva temporada, compuesta de historias contadas desde el teatro y que sólo el teatro puede contar. Viajes que nos acercan a Shakespeare, que nos recuerda desde siempre pero siempre nuevo y sorprendente, sin tapujos ni mentira, de qué materia estamos hechos los humanos. El apasionante viaje de ida y vuelta que contiene, en un mismo recorrido, el teatro hecho por los catalanes junto con uno de los vértices más altos del teatro europeo, el teatro napolitano, hasta llegar mestizo y mezclado a dar como fruto el teatro argentino. Teatro de emigrantes y de exiliados, de los que huían del hambre o de la muerte. Y así, a la maestría de Margarida Xirgu o de Antoni Cunill Cabanellas se une el de la tradición napolitana. Una tradición que simboliza, por encima de todo, el gran Eduardo De Filippo con sus textos y, sobre todo, con su escuela de interpretación: artesana, cada día más viva y más cargada de modernidad y de sentido; aquella que habla con el corazón y nos habla al corazón. Y que se encarna finalmente en una velada de teatro directo y emocionante en una gran sala de la Calle Corrientes, o en un comedor de Buenos Aires, da igual, y que nosotros, sin saber por qué, sentimos tan íntimamente nuestra. O el viaje por los caminos sesgados que llevan al mundo del dinero (¿a dónde va a parar? ¿por qué perverso sistema?). Y aún otros, más cortos o más largos, a través de la experiencia que nos ofrecen los grandes textos clásicos y contemporáneos, u otros que en este momento aún están por escribir, que aún están por nacer.
Un viaje, lo sabemos, incluso con los amigos o con la persona más querida, es siempre un riesgo, y también una fuente de felicidad. Esta temporada deseamos proponeros unos cuantos: que cada uno elija los suyos. Convirtámoslos en una de nuestras realidades.
Muchos actores, antes de empezar la función, en la oscuridad tras el telón o el decorado, cogen la mano helada y trasudada por los nervios de un compañero de reparto y, muy bajito, se desean lo que yo deseo a todos los espectadores de la temporada 2014/2015 del Lliure: buen viaje!

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